miércoles, 23 de junio de 2010

Resistencia

22 de junio. 7:30 am, ya despierto. Tantas cosas dentro de mí que me es realmente arduo ver cómo el tiempo pasa y a sí mismo se pierde, se tira. Ya levantado no puedo renunciar de modo alguno a un nuevo día, sea como fuere.

Día señalado en el calendario: tanto por la colaboración con mi antiguo colegio en unas jornadas de orientación universitaria como por la graduación de mi primo. Traducido a mi lengua personal (la de la mente, por supuesto): “no tendré mucho tiempo libre”.

Sobre las jornadas, aunque breves, cargadas de contenido. Aún ahora continúo asombrado por el reducido número de asistentes (cinco), pero más aún por la motivación que en ellos tuve el placer de descubrir. Chicos y chicas con inquietud europeísta y sedientos de claridad de ideas.

El mundo se paraba. Una pregunta me rondaba por la mente en ese mismo instante: ¿qué narices hago yo dando consejo a nadie si soy el primero que nada tengo claro? Por ese motivo, decidí dejar de ser el “conferenciante invitado” para convertirme en un mero interlocutor con el que los jóvenes pudieran conversar e interrogar. Y satisfecho de mi labor abandoné las aulas que gran parte de mi vida protagonizaron. De iluso pecaría, sin embargo, si creo que han salido orientados. Mas contento me encuentro de haberles dado la ocasión de compartir sus inquietudes al mismo tiempo que con el discurso resolvíamos juntos algunas de sus dudas.

Pero como de costumbre, ya me estoy yendo de la motivación central de estas palabras (lo siento): la graduación de mi primo. Ésta consistió primero en una misa –colegio religioso- y después, el acto académico. Pero me quedaré con la eucaristía...

Rechazado. Rechazado me sentí entre esas paredes por nada, pero por todo. Por nadie, pero por todos. En silencio gritaba por dentro mi dolor y mi sufrimiento al escuchar simplemente cuatro palabras de una de las canciones que armonizaban la celebración. Esas palabras eran “en cada pueblo y nación, habría menos gente difícil”.

Bloqueado me aprecié, reprimido por la situación y forzado a seguir, –como siempre-, sonriendo. ¿Cómo que menos gente difícil? Esa “inocente” canción consiguió indignarme, despertar en mí un sentimiento de enfado con el mundo que no pude expresar en ese momento.

Soy de los que piensa que las personas difíciles son las que verdaderamente tienen un potencial incalculable que entregar al mundo, pues personas sencillas sobramos. Por eso, desde aquí os aplaudo y animo a todos aquellos que de un modo u otro, os complicáis la vida, pues sólo así encontraréis su verdadero y último sentido.

Y, por favor, haced caso omiso a esa letra que lo único que pretende es, a mi ver, reducirnos a todos a los mismos principios y criterios para la fácil manipulación. Fácil manipulación, a su vez, encabezada por el propio gobierno y otros tantos órganos de poder.

Nunca dejes de ser tú mismo, pues la mayor traición que podrías hacer es la de negar quien eres en realidad. Resistencia, pese a quien pese.

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