
Hoy comenzaré con unas palabras que me marcaron de cierta película con la que pensé nunca antes podría encontrarme:
[…] Martes, tres de la mañana, una vez más no puedo dormir
Es como si estuviera esperando que el tiempo arregle alguna parte de mí que sigue rompiéndose
Ya he tirado el periódico y he lavado los platos sucios
Nada que hacer, salvo sentarme aquí y pensar […]
¿Qué te sugieren?
A mí un claro ejemplo de la asombrosa capacidad reflexiva del hombre. Un claro ejemplo, por otro lado, de lo que vivir supone: un constante duelo con nosotros mismos, sin saber nunca si ganamos o perdemos.
¿Es el hombre quien necesita de la palabra o la palabra necesita del hombre para existir? Demasiado joven y desconocedor de la materia como para pronunciarme, pues un mero intento sería terriblemente desconsiderado. Solamente planteo la cuestión para incitarte a ti, lector, a que reflexiones conmigo.
¿Será necesaria la facultad del lenguaje –de la cual hablaré indudablemente en más entradas, pues han centrado mi último año- para poder ser nosotros mismos? Tampoco lo sé, pues inconsciente e iletrado por siempre seré (y por voluntad propia, que conste… Pues me seduce mucho más la idea del amor y la pasión por el Conocimiento, que su alcance).
Olvidando un poco las preguntas de difícil respuesta, te comentaré que me es exageradamente complicado imaginar la vida sin el monólogo interior, aquel que protagoniza nuestro pensamiento y todo lo que de él se puede derivar. Pese a ser incapaz de articularse, sí te informo (si es que lo desconoces) de que con técnicas pragmático-lingüísticas de análisis discursivo podría ser ligeramente posible reproducir en el medio escrito incluso lo impronunciable por nosotros mismos. Algo curioso, a mi ver… Tendré que documentarme adecuadamente y te prometo que algún día –cuando esté preparado, pues para hacerlo mal prefiero no hacerlo- intentaré mostrarte con el máximo detalle lo que por mi mente pasa, se olvida, o permanece.
Simplemente, por curiosidad. Sería para mí muy interesante poder dar voz a esa parte de nuestra identidad que por su propia naturaleza, sólo a nosotros mismos nos pertenece. Mas quiero entregarme, quiero darme por completo a ti; pues únicamente así podré crecer como hombre y llegar a “ver los reflejos y sombras” de mi propio conocimiento. En otras palabras: para salir de la caverna, (si es que se puede).
Y ahora pensarás: este tonto, ¿qué me está contando? Pues este tonto te dice lo que en su interior siente: un vacío de identidad desde hace unas semanas que se apodera de su ser, que se apodera de su día y de su noche envolviéndolo en una atmósfera en la que el misticismo es el claro protagonista.
A modo de conclusión te diré que me llama la atención el “proceso” que para la Búsqueda –con mayúsculas: fíjate en mi sintaxis, por favor- estoy utilizando: primero fragmentamos la realidad para en ella encontrar la unidad… ¿Qué me dirían los griegos de este proceder?
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