sábado, 26 de junio de 2010

¿Activo o pasivo?


Con este título estarás esperando una entrada sobre economía y balances de situación o sobre sexo, quizá. Pero aún no. Hoy es momento de reflexionar sobre la actitud que mostramos ante las realidades del mundo en el que vivimos.

Infinidad de noticias nos invaden cada día gracias a los medios de comunicación y casi ninguna de ellas es completamente gratuita para nuestras vidas, pues soy de los que creen que todo tiene su repercusión en la persona. Incluso lo más lejano a nuestro día a día podemos sentirlo tan nuestro como si en realidad lo fuere.

Pero no escribiré hoy sobre las realidades de la vida. Es un aspecto clave de ella el que hoy se vuelve protagonista de mi discurso: la actuación.

Ante las realidades y hechos que acaecen, es claro y distinto (por tanto, evidente) que tenemos dos alternativas: involucrarnos o no. Sentirnos partícipes o mantenernos al margen.

Nada nuevo escribo, pues cualquiera lo sabe. La intención última de mis palabras es despertar en ti (más que despertar, hacer que caigas en la cuenta de ello) un espíritu crítico para con el mundo que estoy seguro tienes, pero no conocemos plenamente. Como nos es habitual, el desconocimiento de nuestra psiqué vuelve a complicarnos la existencia. Y que nos la siga complicando, pues significará que estamos vivos.

Ver, juzgar, actuar. Una terna cuya perspectiva diacrónica no debemos olvidar nunca: no nos aceleremos e intentemos actuar rápida e inconscientemente, pues sería desconsiderado por nuestra parte. No nos equivoquemos. Pese a la indudable relación léxico-semántica entre “actuar” y “activo”, no es apropiada su relación directa.

Continuando con la reflexión lingüística, y tal como habrás podido comprobar con las palabras que a lo largo de esta semana y unos cuantos días hemos compartido, es el ambicioso intento de análisis y reflexión sobre el mundo la que centra este espacio a través del medio escrito. Aunque hemos compartido mucho más que palabras, ¿no crees? “Metapalabras”, se me ocurre llamarlo… Esas realidades cuya esencia sobrepasa lo estrictamente expresable, esas verdades que hacen nuestra vida tan compleja y, al mismo tiempo, tan apasionante.

Entonces, ¿qué sentido le doy a la “metapalabra” “activo”? Pues para mí existe una identidad indubitable entre ser activo y ser crítico. En definitiva, otra forma de apelar a esa actitud puramente humana de analizar con perspectiva todo lo que nos rodea (y lo que en nosotros mismos yace, por supuesto).

Convencido estoy de que la actitud crítica es la que tomas en el arduo intento de comprender la totalidad de lo que existe (¿qué es existencia?, me pregunto…). Mas si escribo esto es para animarte a que no la olvides nunca, a que pase lo que pase no caigas en el dogmatismo y consideres por verdad lo que tu entendimiento no ha procesado.

Aburrido y cansado parece, pero apasionante y entretenido es si con alguien compartes tu opinión y juicio: los cuales estoy seguro son profundos y carentes de todo reflejo de superchería.

“Y esto es todo…” Hoy quería animarte a recordar cuál es, a mi ver, la mejor forma de proceder ante la inmensidad de información que nos rodea y a vivificar el placer de compartir tu reflexión con quien más quieras, pues sólo así nos acercaremos un poquito más a la anhelada verdad…

Nuestra verdad.





P.D.: Puesto que la formación que he estado recibiendo este último curso ha sido eminentemente filológica (además de la personal, que prima por encima de cualquier otra), ¿qué te parece si pronto intento dirigirme a ti en la lengua inglesa? Ha surgido esa inquietud en mí al darme cuenta de las inmensurables posibilidades que el lenguaje y las lenguas nos ofrecen como hombres y mujeres, un extraordinario recurso que, sin ir más lejos, me está permitiendo acercarme un poquito a tu vida. Pues no lo olvides: este espacio no tiene sentido alguno si no es por ti.

miércoles, 23 de junio de 2010

Resistencia

22 de junio. 7:30 am, ya despierto. Tantas cosas dentro de mí que me es realmente arduo ver cómo el tiempo pasa y a sí mismo se pierde, se tira. Ya levantado no puedo renunciar de modo alguno a un nuevo día, sea como fuere.

Día señalado en el calendario: tanto por la colaboración con mi antiguo colegio en unas jornadas de orientación universitaria como por la graduación de mi primo. Traducido a mi lengua personal (la de la mente, por supuesto): “no tendré mucho tiempo libre”.

Sobre las jornadas, aunque breves, cargadas de contenido. Aún ahora continúo asombrado por el reducido número de asistentes (cinco), pero más aún por la motivación que en ellos tuve el placer de descubrir. Chicos y chicas con inquietud europeísta y sedientos de claridad de ideas.

El mundo se paraba. Una pregunta me rondaba por la mente en ese mismo instante: ¿qué narices hago yo dando consejo a nadie si soy el primero que nada tengo claro? Por ese motivo, decidí dejar de ser el “conferenciante invitado” para convertirme en un mero interlocutor con el que los jóvenes pudieran conversar e interrogar. Y satisfecho de mi labor abandoné las aulas que gran parte de mi vida protagonizaron. De iluso pecaría, sin embargo, si creo que han salido orientados. Mas contento me encuentro de haberles dado la ocasión de compartir sus inquietudes al mismo tiempo que con el discurso resolvíamos juntos algunas de sus dudas.

Pero como de costumbre, ya me estoy yendo de la motivación central de estas palabras (lo siento): la graduación de mi primo. Ésta consistió primero en una misa –colegio religioso- y después, el acto académico. Pero me quedaré con la eucaristía...

Rechazado. Rechazado me sentí entre esas paredes por nada, pero por todo. Por nadie, pero por todos. En silencio gritaba por dentro mi dolor y mi sufrimiento al escuchar simplemente cuatro palabras de una de las canciones que armonizaban la celebración. Esas palabras eran “en cada pueblo y nación, habría menos gente difícil”.

Bloqueado me aprecié, reprimido por la situación y forzado a seguir, –como siempre-, sonriendo. ¿Cómo que menos gente difícil? Esa “inocente” canción consiguió indignarme, despertar en mí un sentimiento de enfado con el mundo que no pude expresar en ese momento.

Soy de los que piensa que las personas difíciles son las que verdaderamente tienen un potencial incalculable que entregar al mundo, pues personas sencillas sobramos. Por eso, desde aquí os aplaudo y animo a todos aquellos que de un modo u otro, os complicáis la vida, pues sólo así encontraréis su verdadero y último sentido.

Y, por favor, haced caso omiso a esa letra que lo único que pretende es, a mi ver, reducirnos a todos a los mismos principios y criterios para la fácil manipulación. Fácil manipulación, a su vez, encabezada por el propio gobierno y otros tantos órganos de poder.

Nunca dejes de ser tú mismo, pues la mayor traición que podrías hacer es la de negar quien eres en realidad. Resistencia, pese a quien pese.

domingo, 20 de junio de 2010

Identidad



Hoy comenzaré con unas palabras que me marcaron de cierta película con la que pensé nunca antes podría encontrarme:

[…] Martes, tres de la mañana, una vez más no puedo dormir
Es como si estuviera esperando que el tiempo arregle alguna parte de mí que sigue rompiéndose
Ya he tirado el periódico y he lavado los platos sucios
Nada que hacer, salvo sentarme aquí y pensar […]


¿Qué te sugieren?

A mí un claro ejemplo de la asombrosa capacidad reflexiva del hombre. Un claro ejemplo, por otro lado, de lo que vivir supone: un constante duelo con nosotros mismos, sin saber nunca si ganamos o perdemos.

¿Es el hombre quien necesita de la palabra o la palabra necesita del hombre para existir? Demasiado joven y desconocedor de la materia como para pronunciarme, pues un mero intento sería terriblemente desconsiderado. Solamente planteo la cuestión para incitarte a ti, lector, a que reflexiones conmigo.

¿Será necesaria la facultad del lenguaje –de la cual hablaré indudablemente en más entradas, pues han centrado mi último año- para poder ser nosotros mismos? Tampoco lo sé, pues inconsciente e iletrado por siempre seré (y por voluntad propia, que conste… Pues me seduce mucho más la idea del amor y la pasión por el Conocimiento, que su alcance).

Olvidando un poco las preguntas de difícil respuesta, te comentaré que me es exageradamente complicado imaginar la vida sin el monólogo interior, aquel que protagoniza nuestro pensamiento y todo lo que de él se puede derivar. Pese a ser incapaz de articularse, sí te informo (si es que lo desconoces) de que con técnicas pragmático-lingüísticas de análisis discursivo podría ser ligeramente posible reproducir en el medio escrito incluso lo impronunciable por nosotros mismos. Algo curioso, a mi ver… Tendré que documentarme adecuadamente y te prometo que algún día –cuando esté preparado, pues para hacerlo mal prefiero no hacerlo- intentaré mostrarte con el máximo detalle lo que por mi mente pasa, se olvida, o permanece.

Simplemente, por curiosidad. Sería para mí muy interesante poder dar voz a esa parte de nuestra identidad que por su propia naturaleza, sólo a nosotros mismos nos pertenece. Mas quiero entregarme, quiero darme por completo a ti; pues únicamente así podré crecer como hombre y llegar a “ver los reflejos y sombras” de mi propio conocimiento. En otras palabras: para salir de la caverna, (si es que se puede).

Y ahora pensarás: este tonto, ¿qué me está contando? Pues este tonto te dice lo que en su interior siente: un vacío de identidad desde hace unas semanas que se apodera de su ser, que se apodera de su día y de su noche envolviéndolo en una atmósfera en la que el misticismo es el claro protagonista.

A modo de conclusión te diré que me llama la atención el “proceso” que para la Búsqueda –con mayúsculas: fíjate en mi sintaxis, por favor- estoy utilizando: primero fragmentamos la realidad para en ella encontrar la unidad… ¿Qué me dirían los griegos de este proceder?

sábado, 19 de junio de 2010

Sobre el ser humano


Me es imposible entender la identidad psico-física spinoziana si para explicar el mundo que nos rodea nos basamos en la intuición y para explicar una emoción nos basamos en la experimentación. Es, por tanto, poco verosímil que mi yo sea sólo pensamiento o sólo experiencias. Sin embargo, no estoy en disposición de asegurar que sea una suma de ambos, no puedo jugarme la vida en decir que mi cuerpo y mi mente caminan al unísono, porque si así fuera sería indubitable que me pudiera mirar en el espejo y sentir algo, y al mismo tiempo cerrar los ojos, pensar en aquella persona y que mi cuerpo reaccione. ¿Soy por tanto uno, o soy dos diferentes?

Si cuerpo y alma van juntos, ¿por qué puedo abstraerme del mundo tan sólo cerrando los ojos? ¿Qué papel tiene la alienación en mi vida? Quizá necesitemos aislaros, desposeernos, para poder descubrir quiénes somos, pero entonces no podría ser posible que la física amase tanto a la psicología como el alemán aseguraba. Está claro que en mí no puede haber dos cosas diferentes, pues sería estúpido dar un nombre a la adición de algo; pero tampoco puedo afirmar que soy una simple cosa. ¿Qué soy entonces? Puede ser que Berkeley tuviese razón cuando decía que el mundo no es más que lo que percibimos, pero, ¿dónde están los sentimientos? ¿Hay dos tipos de amor, uno físico y otro psíquico? Si no teníamos poco con la polémica physis-nomos, bienvenidos a la dualidad physis-psyché.

miércoles, 16 de junio de 2010

Cogito ergo sum


Tempus fugit. El tiempo pasa, para lo bueno y para lo malo. Las prisas se acercan. Todo acaba. Todo empieza.

Tras un curso peculiar, extraño y curioso, llega el momento de aprender de todo ello. ¿Qué sentido tiene sino ese? Tumbado en la cama valoro mis comienzos de vida universitaria con adjetivos muy alejados de mis pretensiones iniciales de joven aspirante en la selectividad… ¿Bueno, malo? No le pongo etiqueta: se quedan cortas.

Estos últimos meses me han sido verdaderamente útiles para abrir los ojos, para darme cuenta de que no todo era lo que hasta el momento había podido ver. Ya no es la realidad, sino las realidades. Abandonamos la Metafísica para encontrarnos infinidad de metafísicas particulares, personales, con nombre y apellidos. Y todo en el mismo sitio, unido por circunstancias de la vida o por la mera casualidad.

Y pienso. ¿Cómo no voy a pensar? Que la vida me haya demostrado que no todo es como creía ha permitido que me reformulara –me reformule- incluso los principios más básicos, elementales e indubitables. Y todo ello al más puro estilo cartesiano: mediante el proceso de la duda.

Recuerdo la semana de las fichas como una de las más complicadas del curso. “Muchas etiquetas”, pensaba. “Poco particular”. Pero esto lo ilustraré mejor con algún ejemplo: apellidos, sexo o edad son aspectos cargados de valor simbólico por su propia naturaleza. Me explico: tener dieciocho años en lugar de veinte, por ejemplo, podría ser interpretado como que aún soy un crío –lo soy- que nada sabe de la vida. Ser chico, del mismo modo, estaría cargado de infinidad de parámetros establecidos y estipulados como generales e indubitables.

Cansado. Cansado estoy ya de esa obsesiva y morbosa clasificación. ¿Qué pasaría si me hubiera negado a rellenarla? Por mí lo habría hecho encantado: no me habría sometido a ninguna evaluación ¿objetiva? y cuantificable. ¿Y por qué? Porque no lo tengo claro. Porque dudo, en definitiva.

“¿Cómo es posible dudar de lo más evidente?”, te preguntarás. Pues fácil. Cuando sientes que no encajas ni en A ni en B, aunque tampoco en algo intermedio. Es porque quieres gritar a la individualidad, al particular, a la substancia primera de Aristóteles. Yo soy yo, con algo bueno y todo lo malo –que ya sabes que con toda seguridad no es poco-. No tengo dieciocho años, no soy de Gijón, incluso no soy un tío. Soy yo, con todo lo que ello incluye. Pues si someter me dejo a ese análisis perdería toda mi singularidad, ese distintivo que me hace ser quien verdaderamente soy.

Para terminar te confesaré algo: no entregué la ficha reglamentaria, sino que creé la mía propia con los datos que consideré relevantes. Y orgulloso estoy de ello, pues si tenemos en cuenta las generalidades que a cada aspecto se le atribuyen, probablemente no sería ni un chico ni tendría mis dieciocho años.

Cuando uno se escapa del criterio por no saber –ni querer, que conste- definirse como un mero agregado de piezas con valor simbólico; será porque duda, será porque piensa. En definitiva, Descartes no se equivocaba.

martes, 15 de junio de 2010

Prólogo

Querido lector:

Hoy me decantaré por el género epistolar para recordar –si con unas palabras es suficiente, que no lo es en absoluto– la extraordinaria obra literaria que caracterizó plenamente al siglo XVIII.

Debo confesarte, además, que esta mañana mientras iba a Oviedo a un Curso de Verano con música –mi música- en el autobús me acordé de ti. Sí, de ti, hombre o mujer que está dedicando su tiempo en leerme en este preciso momento.

Pensaba, al más puro estilo anglosajón –es decir, el brainstorming o la lluvia de ideas-, qué quería comenzar a compartir contigo… Y para mi sorpresa me surgieron treinta tópicos o temas con los que me gustaría poco a poco ir lidiando, si me lo permites. No porque no me los haya planteado antes, sino porque querría hacerte partícipe de mis reflexiones, de los hechos de mi vida.

A priori e independientemente de la experiencia te confieso que estoy inquieto. No soy capaz de encontrar la adecuación o la relevancia de los temas para que puedan ser de tu interés, aunque intentaré desde ya no planificarlo tanto como con otras cosas hago –lamentablemente, creo–.

No, esta vez no. Hoy me dejaré llevar por el momento, por la situación… Considero ésa la mejor forma de que progresivamente descubras qué me inquieta, qué me pregunto o planteo… Pero no para que ello quede ahí, en absoluto: ¡te necesito! Nada de esto tendría sentido sin ti, pues necesito tu juicio, crítica y opinión para la consecución plena de mi objetivo: la catarsis personal, el éxtasis de la concentración de inconexos pensamientos a los cuales intentaré, junto a ti, darles un sentido. Ya ves... '¡Qué joven más ambicioso!', podrás pensar... En este caso te diré que sí: estoy emocionado.

Por último, no puedo irme sin recordarte –por si aún no te lo dije– que los textos de ayer lunes no han sido in situ, sino que tendrías que interpretarlos como un adelanto del sentido que a este proyecto le intento dar, que no es otro que el propio de mi vida.

Tuyo –espero que por mucho tiempo–,

Adrián

lunes, 14 de junio de 2010

Silencio


Hace un par de días sonaba en los medios la incesante búsqueda de una palabra que pudiéramos establecer como aquella que mejor refleja la identidad de los españoles. Supongo que será una artimaña más de algún centro de estadísticas para conocer nuestra forma de pensar, nuestra idiosincrasia nacional, si la hubiere. No obstante, siempre es positiva la reflexión en torno a la lengua y en torno al comportamiento humano, venga maquillada en forma de encuesta o consulta popular o de carácter más académico por parte de lingüistas y psicólogos.

Silencio. Silencio es el término con el que me quedo para la definición. Muchos me achacarán –especialmente los extranjeros– que de silenciosos los españoles tenemos muy poco. Cierto es: continuamente envuelta por un sinfín de ruidos se encuentra la vida. Vida indefensa y contaminada por nuestros propios gritos y alaridos con los que pretendemos, simplemente, que se nos oiga.

Sin embargo, pese a la actitud tan poco decorosa que desafortunadamente nos caracteriza, apelo al silencio como eje vertebrador de nuestra sociedad. Pues silenciosos somos ante la infinidad de injusticias que de forma regular suceden a nuestro alrededor, y ni dos palabras tenemos ante las situaciones tan degradantes que presenciamos en el día a día.

Esta mañana, sentado en la misma mesa de la misma cafetería de cada jueves presenciaba cómo un joven amenazaba peligrosamente a una pareja homosexual. Todos callaron; yo también. Digamos que no está bien visto involucrarse en temas ajenos, en absoluto. ¿No vivimos en un país liberal? ¡Que cada uno haga lo que quiera!; mientras no nos afecte a nosotros, todo perfecto. Sin olvidar las tres máximas primordiales: no llamar la atención, no inmutarse, ser «normal». Y confundidos llamamos a esto el «Estado de bienestar», aquel en el que lo tenemos prácticamente todo pero a la vez, nada.

No sería por falta de ganas por lo que me abstuve de pronunciarme, pero ya lo decía José Luis Coll: «cuando guardo silencio procuro hacerlo sin ofender». Mas déjeme precisar que si callamos no lo hacemos por apetencia, sino porque «Alguien» nos ha robado la voz. Ahogados brusca y profundamente por lo establecido como «políticamente correcto», prisioneros somos del Estado. Prisioneros, en definitiva, de nosotros mismos.

Anotaciones personales de un día cualquiera

Algunos días pienso que el mundo soy yo sólo, que no hay nada más de lo que pueda estar seguro que yo mismo. Otros días, pienso que no existo, que no soy nada ni nadie, y que, si mañana me pasara algo, nadie me echaría en falta. Parece mentira que más de dieciocho años en esta vida me hayan enseñado tanto... Cada nuevo día alguien me espera con algo que no me esperaba, sea para bien o sea para mal. Hoy, por ejemplo, aprendí que siendo tú mismo llegarás más lejos que siendo un mono de feria y actuando como los demás quieren que actúes. Lo siento mucho, Calderón, pero esto no puede ser "El gran teatro del mundo", al menos hoy no.

Diariamente abro los ojos con ilusiones cada vez más exigentes, más completas. Y, por qué no, más imposibles. Pero lo imposible para mí puede ser lo más fácil de llevar a cabo para ti: sólo tienes que estar a mi lado y echarme la mano que necesito. Puede ser que la vida consista en eso, en un dar y un recibir constante; lo que pasa que quienes dan siempre son, desafortunadamente, los mismos. Me parece una cuestión de justicia que todos intentemos, en la medida de lo posible, ayudar a quien está a nuestro lado, pues la vida no puede ser un solipsismo individualista.

Es increible que haya podido tener el privilegio de conocer a tantos chicos y chicas, hombres y mujeres, que tanto me han dado... No sé cómo podré compensaros tanto tiempo de esfuerzo, mas intentaré darte todo lo mejor de mí mismo a ti, quien siempre me quiso; y a ti también, querido lector que hoy me descubres. Gracias.

El problema de la verdad

Todas las teorías del conocimiento, gnoseologías o epistemologías que encontramos a lo largo de la historia del pensamiento se han planteado el problema de la verdad. El hombre interpreta los datos empíricos para conocer, tratando de investigar la posibilidad de un conocimiento que vaya más allá de las opiniones subjetivas del sujeto cognoscente, que no dependa en ningún caso de sus convicciones sino que se atenga a lo que son las cosas.

Por tanto, la verdad se caracteriza por su objetividad, se refiere al acierto en el conocimiento y responde a la pregunta "¿qué conocemos sobre las cosas?".

Me es extremadamente complicado encontrar una respuesta única y concluyente al problema de la verdad, hoy entendida como una propiedad del conocimiento, de aquello que afirmamos sobre los seres.

Sin embargo, la verdad que encabeza este espacio es una verdad tan metafísica como la entendían los griegos. Se refiere a la alétheia, a lo permanente de las cosas, lo que había debajo de las apariencias (la ousía aristotélica, la substancia: sub-stare [lo que está debajo]; (¿qué te voy a contar a ti, querido lector, que no sepas?). Evidentemente, nada de esto puede ser captable por nuestros sentidos, sólo puede ser alcanzable por el pensamiento, por la mente; alejándonos así de las meras apariencias cambiantes y variables.

Por tanto, sólo podremos identificar verdad y realidad cuando podamos librarnos de aquellos velos que las musas griegas ponían a la realidad, cuando podamos ir más allá de lo captable por los sentidos, para conocer lo permanente, lo que no cambia, la auténtica realidad. Es, en definitiva, necesario un proceso de desvelamiento o desocultamiento que nos permita abandonar la minoría de edad kantiana, y empezar a descubrir las esencias y los misterios de la realidad que nos rodea.

Aplicándolo al día a día, es muy frecuente la confusión entre lo que es y lo que parece ser: a menudo nos quedamos perplejos ante algo que nos parecía real y descubrimos que no lo es. Quizá la apariencia sea sólo el camino para llegar a descubrir el ser real de las cosas, pues sólo a través de su apariencia podremos alcanzar su auténtico ser...

La vigencia de la duda será vitalicia para todos.

Para ti

Gracias a la indudable repercusión que tuviste en mi vida desde el principio, hoy nace 'My personal truth', un espacio con el que podré compartir contigo aquellos pequeños detalles de la vida que quiero -necesito, quizá- entregarte. Probablemente, y también sin tantas dudas, lo que estoy haciendo en este momento es una especie de "regalo" que quiero hacerte desde lo más profundo de mi ser.

Puede ser que la realidad de mi vida esté prisionera en las palabras que escribo, mas no me cabe la mínima duda de que puedes -y no sólo eso, sino que sabes- leerme entre líneas, conocerme tal como soy.

Este es un lugar para evadirse de todo, y al mismo tiempo, profundizar en ese todo.
Es un lugar de tesis, antítesis y síntesis, al más puro estilo de la dialéctica hegeliana.
Es un espacio tuyo, mío.

Gracias por ser como eres.