Algunos días pienso que el mundo soy yo sólo, que no hay nada más de lo que pueda estar seguro que yo mismo. Otros días, pienso que no existo, que no soy nada ni nadie, y que, si mañana me pasara algo, nadie me echaría en falta. Parece mentira que más de dieciocho años en esta vida me hayan enseñado tanto... Cada nuevo día alguien me espera con algo que no me esperaba, sea para bien o sea para mal. Hoy, por ejemplo, aprendí que siendo tú mismo llegarás más lejos que siendo un mono de feria y actuando como los demás quieren que actúes. Lo siento mucho, Calderón, pero esto no puede ser "El gran teatro del mundo", al menos hoy no.
Diariamente abro los ojos con ilusiones cada vez más exigentes, más completas. Y, por qué no, más imposibles. Pero lo imposible para mí puede ser lo más fácil de llevar a cabo para ti: sólo tienes que estar a mi lado y echarme la mano que necesito. Puede ser que la vida consista en eso, en un dar y un recibir constante; lo que pasa que quienes dan siempre son, desafortunadamente, los mismos. Me parece una cuestión de justicia que todos intentemos, en la medida de lo posible, ayudar a quien está a nuestro lado, pues la vida no puede ser un solipsismo individualista.
Es increible que haya podido tener el privilegio de conocer a tantos chicos y chicas, hombres y mujeres, que tanto me han dado... No sé cómo podré compensaros tanto tiempo de esfuerzo, mas intentaré darte todo lo mejor de mí mismo a ti, quien siempre me quiso; y a ti también, querido lector que hoy me descubres. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario