martes, 31 de agosto de 2010

Uno más


Aquí te dejo un texto reflejo de mis dieciséis años y de la hipocresía que me caracterizaba...


Mientras soy seducido por el misticismo que se puede respirar en el ambiente nocturno de un día cualquiera, a veces pienso que soy invisible, que nadie puede verme en realidad. En este mundo no soy nada, soy simple y llanamente un granito de arena. Nada está en mis manos, nada depende de mí. Pero mis aspiraciones en esta vida no son, para nada, ser alguien. Creo que si quieres llegar a serlo todo, debes empezar deseando no ser nada. A veces la locura me invade, se apodera de mi alma, de mi cuerpo, de mi mente; de mi ser. No puedo imaginar cómo sería una vida sin problemas ni conflictos. ¿Sería eso vida?

Pero mi pregunta no recae ahí, sino en la causa de que unos pasemos desapercibidos en el mundo, es decir, que pasemos por la vida; y sin embargo otros sean dueños del éxito, todo o casi todo les sale bien, todo son alegrías y sus sonrisas nos llenan del resplandor de su felicidad: aquéllos en los que la vida pasa por ellos, pero que nunca morirán. ¿En qué momento me equivoqué yo para nunca jamás conseguir la tan deseada felicidad? De vez en cuando pienso si realmente la busco; o si ya la he perdido. Quizá ya haya sido feliz, y nunca haya sido consciente de ello. Puede ser que estemos esperando desesperadamente llegar a la estación de tren, cuando la felicidad sea el mero viaje. Pero entonces, ¿qué me nubla poder ser feliz? ¿En qué puedo estar pensando para que cuando me voy a poner las lentillas, primero intente dolorosas veces sacármelas de los ojos? ¿Qué centra mi atención? ¿Qué capta mi interés? ¿Qué tengo en mi cabeza? Tal vez haciendo estas preguntas, y sin saber contestar ninguna de ellas, alguien pueda llamarme bohemio. Pero no es cierto en absoluto. Exclusivamente siento que mi alma no encaja donde está. Mi pensamiento no puede emplazarse en el entorno que me rodea, en el que influyo y del que constantemente recibo influencias. Cuando sientes que en tu propia casa te están preparando para conseguir el éxito y no para ser tú mismo, es cuando empiezas a preguntarte "qué coño estás haciendo aquí". ¿A esto se reduce mi existencia? ¿A ser lo que alguien quiere que sea? No creo que mi objetivo en la vida sea ése, el de ser tan políticamente correcto, no ser problemático, o peor aún, normal. Hace ya un tiempo que me di cuenta de que no era normal: no soy como los demás, no me inquietan los mismos temas, me hago preguntas que quizá pocas personas se las hubiese hecho. Desgraciadamente llamo a atención. Pero no para bien, sino para mal. Mas cuando crees que puedes llegar a alcanzar la felicidad siendo como eres, de repente surge un problema: en la sociedad no estamos solos, necesitamos a alguien que nos acompañe. Si ya era problema el reconocimiento de la propiedad de tu vida, añadámosle la sociedad. Me es tan difícil encontrar a personas con las que pueda comentar mis problemas...; tan difícil, que acabo tirando la toalla. Parece que a nadie le preocupa ni le interesa lo que un "maldito crío" diga o piense. ¿Será mi último fin el quedarme solo para siempre? Quizás no estoy preparado para vivir en sociedad. Quizás sigo siendo un pobre niño que se aísla del mundo y que lo reduce todo al ámbito que sus ojos le muestran. Pero, ¿habrá algo detrás del pequeño mundo que conocemos? ¿Hay algo más que no sea lo que yo estoy viendo? Idealista y optimista, creo pensar que sí; que habrá alguien en el mundo que sí me entienda, que me escuche, que me corrija, que me complemente, que me aprecie, que me quiera tal como soy. Porque mienten todos aquellos que hoy dicen que hacen algo de esto. Sólo saben ver lo que mi formación me dio, que no es más que pautas de buen comportamiento, pautas para no ser un revolucionario, pautas, en definitiva, para ser "uno más". Cuando te das cuenta de que la educación que estás recibiendo se centra únicamente en dejar de ser tú mismo y comenzar a ser como la sociedad pide que seas, ése es el momento último en el que perdiste la libertad. Desapareció, se fue. Ya no volverá.

Por todo esto, sigo esperando el día en que alguien me enseñe lo que la felicidad es, que me ayude a ser feliz: que me haga vivir. Una persona que me valore por ser yo, que sepa de mí y que esté a mi lado en los buenos y en los malos momentos. En definitiva, que simplemente quiera que sea yo mismo. Pero si soy así y no te gusta, lo siento: no mires, ignórame; pero por favor, no me digas cómo tengo que ser.

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